El futuro de nuestra juventud

Que la Eurocopa y las victorias de la roja son algo destacable, pues no soy quien para dudarlo. Que el ascenso del Dépor es algo tremendamente salientable, ¡qué duda cabe!, como diría “O Bruxo de Arteixo”. Que todo ello merece tremendas expresiones de júbilo y movilizaciones multitudinarias, pues igual hasta también, no sé, yo soy algo raro para estas cosas.

Pero ahora vamos hablar de otras cifras que no son precisamente las de porcentajes de acierto en tiros a puerta ni de número de goles por temporada y que, desgraciadamente, no remueven de su asiento a tanta gente. Me refiero a las cifras del paro en Ferrolterra.

Más de 20.000 personas padecen la lacra del paro en nuestra comarca a causa, principalmente, de la ausencia de carga de trabajo de nuestro sector naval. Miles de familias afectadas por una situación que nadie entiende. Decenas de trabajadores pierden sus puestos de trabajo cada día en un goteo incesante por la mala gestión de los responsables de nuestros astilleros. Unas empresas que serían el orgullo de cualquier país civilizado. Empresas punteras en su campo, que a no ser por las trabas de nuestros socios europeos, estarían en situación de competir al más alto nivel en otros sectores diferentes al militar.

Pero no, parece que los planes no deben ser esos. Muchos piensan que dejar caer en el precipicio a estas empresas públicas, competitivas, es la mejor forma de regalárselas a algún inversor privado, de confianza, por supuesto, bajo el maquillaje de un supuesto reflote, previas jugosas inversiones estatales. La vieja táctica ya empleada en Endesa, Telefónica, Repsol, por citar algunas.

Y mientras tanto ¿que hacemos los cristianos?, ¿dónde estamos?, ¿qué posición tomamos en esta tierra de Ferrolterra?. Pues vamos a dar cifras también.

Los movimientos apostólicos especializados en el mundo del trabajo son casi testimoniales. La HOAC somos lo que somos, un grupo de militantes y otro de iniciación que no sumamos más allá de una docena de personas. La pastoral obrera inexistente, o casi, y lo más preocupante, la JOC, un movimiento de acción dirigido a los jóvenes, que tendría que estar en primera línea en la defensa de un futuro para nuestros hijos, sin ningún grupo en la actualidad en nuestro entorno. Ni uno solo.

Preguntarse dónde está la gente joven es un ejercicio muy bueno para poder valorar el trabajo que se realiza con ellos, pero quizás habría que preguntarse también, dónde debería de estar. Esta cuestión yo la echo de menos. No estoy seguro que estemos siendo muy finos a la hora de mostrarles todos los caminos que se le abren a sus pies para esa nueva evangelización de la que tanto hablamos, especialmente para pelear por aquello que más le afecta a las nuevas generaciones de las que forman parte, que son la semilla de esa sociedad futura en la que depositamos toda nuestra esperanza.

Es algo que no logro a entender. Por más vueltas que le doy, soy incapaz de entender esta situación. Huérfanos de lo que debería ser nuestra punta de lanza, la joya de nuestra Diócesis, porque somos eso, una Diócesis fundamentalmente obrera.

Algo tenemos que hacer para reconducir esta situación. A tod@s nos corresponde una parcela de responsabilidad en esta auténtica anomalía.

Que el señor nos dé fuerza para trabajar en esa viña, esa a la que estoy convencido que  nos está llamando a gritos para acudir.

Y nostros sordos.

Guillermo Leira

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