Ante el 1º de mayo

La proximidad del primero de mayo, fecha que nos habla de la dignidad del trabajo, nos invita a retomar conciencia de valores en riesgo de ser olvidados.

– El trabajo humano es expresión de la persona, creación y proyección suya; no es una cosa, una mercancía; hablar de mercado de trabajo es hablar de mercado de personas. En las relaciones laborales y económicas la persona que trabaja es el valor máximo, muy por encima de otros factores que concurren en la producción, y así debe ser reconocido.

– El trabajo desarrolla y perfecciona a la persona. Por lo mismo todas las personas tienen derecho a trabajar, a crecer. Privar a una persona de trabajar es reducirla, quitarle vida.

– El trabajo socializa a la persona y es una aportación singular a la construcción del mundo, al perfeccionamiento de la sociedad. Carecer de trabajo es verse excluido del reconocimiento social y supone un empobrecimiento personal y colectivo.

– Las condiciones de trabajo han de ser acordes con la dignidad de la persona que lo realiza. No sólo la esclavitud o las situaciones que ponen en grave riesgo la salud o a la vida quedan excluidas. También el mal trato, el abuso o la injusticia.

– La historia del movimiento obrero da cuenta de que sólo con esfuerzo y lucha se ha conseguido el reconocimiento de derechos sociales como la representatividad sindical, la jornada de ocho horas, el descanso semanal, salarios ajustados, seguridad social, estabilidad en el empleo, normativa de seguridad e higiene? Conquistas que han humanizado el ejercicio del trabajo no pueden abandonarse por la presión de un sistema de intereses sin control.

– El trabajador formado es consciente de su responsabilidad en el ejercicio de su profesión. Tiene la experiencia de que su trabajo bien hecho le satisface en primer lugar a él mismo, además de ser una aportación valiosa y un medio digno de llevar adelante su familia.

– La situación de paro impuesto es una terrible prueba para cualquier persona que se siente capacitada para ejercer un trabajo y vivir de él. Una organización social correcta no puede consentirlo. El momento actual en el que el paro es tan extremo nos obliga a todos a movilizarnos.

«El primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad» ha dicho Benedicto XVI: Caritas in Veritate nº 25 ? : ?pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social? (Concilio vaticano II, G.S. 63).

Además «la dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo de acceso al trabajo por parte de todos» (id. nº 32).

ALFONSO GIL MONTALBO
Viceconsiliario de Acción Católica General

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