Mori

La historia de “Mori”, ese gatito del cuaderno 17, que sirvió de fregona a Mari, la empleada de la limpieza de aquella empresa a quien su jefe obligó a trabajar en día no laborable, me dio que pensar; mejor dicho, nos dio que pensar, pues en nuestro grupo de HOAC Ferrol, discutimos ampliamente este tema.  El tema es que el dinero, el capital, tiene una fuerza atroz que en un ejemplo como el que estamos viendo se vuelve deshumanizadora.  Fuerza deshumanizadora.  Porque la temática que estudiamos y que está aplicada al mundo laboral, a la realidad del trabajo (bueno, hoy diríamos del trabajo y del paro), no puede quitar los ojos de Jesús,  maestro de humanidad.  Por eso sienta muy difícil casamiento entre lo que el capital arrasa y el proyecto de ser hombre/mujer.  La intervención de un compañero nuestro en el grupo ha sido muy buena.  Venía a plantear lo ridículo y desproporcionado que Mari, la limpiadora del cuento, hizo al poner a “Mori”, el gato del jefe, como gamuza para asear los locales de la empresa.  Le pareció una locura que Mari haya expuesto la seguridad económica de su familia por ese argumento de que “necesitaba estar con sus hijos el fin de semana”. Y esta opinión es lo que uno va aprendiendo en esto que vamos ahora contemplando y es que llega un momento en que lo a-normal nos parece lo más lógico, como que eso se hicira toda la vida.  La flexibilidad laboral, que es el término técnico que usa nuestro cuadernillo para aludir a esas disponibilidades obligatorias  que se exigen en el mundo laboral, son, precisamente, la causa des-humanizadora, esto que alguno de nosotros veía – y hasta con cierta lógica – desproporcionado.  El capital, el dinero, no es bueno ni malo.  Pero el adinerado, el capitalista, como persona humana, al aplicársele estos calificativos, se está definiendo por un camino que Jesús abiertamente criticó.  Un camino que, al tener como patrón principal su capital, lo multiplica echando a la miseria y a la muerte (al paro, a serias consecuencias en el vivir) a cientos de personas.  La exclusión social, la no creación de puestos de trabajo, el debilitamiento de la clase media  y el mayor empobrecimiento de las gentes no  es culpa del objeto “dinero”, sino del adinerado que se esconde en sociedades, en grupos de poder (de poder adquisitivo), impermeables a esto que ahora escribo, a los cientos y miles de seres humanos abocados cada día a una supervivencia.  Supervivencia es vivir en el límite. Y el límite está trazado según la fuerza de resistencia de cada cual.  Sin un estudio por parte de todos (gobiernos, empresarios, políticos, sindicatos), sin una voluntad de enfrentar el problema, seguiremos decayendo cada día.

JUAN CABO

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