Reflexión sobre el liderazgo

Para ser un líder, en donde uno ejerza una influencia sobre otras personas, hay que ser muy  caballero; o por lo menos hay que tener una cierta dosis de nobleza, constitutivo indispensable, algo que por lo general no lo dan los libros de historia ni los manuales de teología, pero tampoco cierto rango que algunos no sé de dónde se lo sacan.  Un buen líder debe saber  ver la realidad tal y como está. Algo tan elemental como el ver lo que está pasando y decirlo tal como se ve. Nada más. Es verdad que todos tenemos constataciones subjetivas de las cosas y a unos, mirando algo concreto, nos sugiere una realidad y a otros otra.  Pero hay cosas que al verlas en sí mismas, darles una interpretación subjetiva viene como forzada pues si estás viendo las manzanas del frutero, por ejemplo, no se te va a ocurrir decir que ves aviones a reacción.

Esto en política me parece de sentido elemental; pero más todavía en la vida cristiana.  Cuando lo que nos define a los creyentes es una manera nueva en nuestro lenguaje ( aquello de Jesús, decir sí cuando es que sí; y no cuando es que no, que todo lo que rebasa viene del Malo), el hecho de querer ver la realidad picuda, encrespada, estropeada en sí misma anula a quien en solitario y por su cuenta esa visión difunda.  Efectivamente, todos podemos tener la visión que queramos e incluso de forma antojadiza. Pero eso no lleva a nada; mejor dicho, eso lleva a unos oscuros intereses que quien nos los presente así nos crea a los demás una desconfianza. Nos sitúa ante algo que instintivamente nos aleja de esa persona que así opina; crea en nuestra alma una perplejidad de quien se pregunta algo así, pero esta persona creerá en verdad lo que está diciendo?

Hacerse un juicio acertado de las cosas, es verdad,  no es tan sencillo; pero a veces es de elemental sencillez.  Abrir los ojos para ver lo que está pasando es tan necesario porque nos pone ante aquello que está ya sucediendo, nos sitúa.  Pero al mismo tiempo abrirlos con otros, al lado de otras gentes templa nuestra mirada, nuestra apreciación y lo que está pasando pareciera como que  lo captamos con más seguridad.  Y entonces podemos apreciar las voces interesadas que captan fragmentariamente, interesadamente ( astutamente) aquello que no está  en el cuadro inicial, aquello que es puesto artificialmente, algo que corroe lo que todos vemos.

Hay gente que tiene la habilidad de hacernos ver lo que no existe; cuando el trabajo más bonito es querer ver lo que ya está en el cuadro, en el lienzo común que todos contemplamos.

JUAN CABO MEANA

 

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