Conocer a Jesús

Al contemplar el panorama actual, veo algo que me preocupa mucho.  Y a decir verdad no es algo que sea contemplado en estos días sino que lo vengoo desde hace años y es cómo podemos ingeniárnosla muchos para poder decir que somos cristianos sin Jesús. Con cuatro cosas hemos hecho  nuestro cristianismo, con cuatro cosas; y la cuarta no es el Señor.  Los sacramentos de iniciación cristiana, es algo ya evidente,  no inician nada ( o muy poco); pero peor que esta oferta que damos a los más jóvenes está en nosotros, los adultos , en nuestro alejamiento de un contacto vivo y continuado con Jesús.  La celebración del culto, marcada tantas y repetidas veces por un cumplimiento normativo, por una “santa obligación” es el único respaldo de muchas personas que no aciertan a ver en ello lo revolucionario del mandamiento del amor. Estoy convencido que hacen falta más cursos bíblicos, reuniones en torno a la Palabra de Dios, estudio más sereno y ayudados con los métodos y descubrimientos que, en este campo, hoy están al alcance de nosotros.  Es decir, de un apasionamiento por Jesús, de un deseo enorme de conocerle, de amarle para luego seguirle.   HOAC como movimiento cristiano, puede contaminarse  con la clase obrera como tema recurrente o del primero de Mayo, con un lenguaje tipo soflama, pero estar tan lejos de Jesús como los padres de ese niño que tienen montada por todo lo alto la primera comunión del chaval.  No se puede jugar con estas cosas porque al final lo pagamos con un cabreo de por vida y de un agotamiento síquico que lo que nos hace es mascar el desencanto.

Conocer a Jesús es conocer a Jesús. Es dejarse cambiar por Él, vivir pendientes de Él, vivir para Él.  Jesús no puede ser el tema que aprobamos en el mini-cursillo que hicimos en la parroquia, ni la teología especulativa del cura de turno que siempre tiene palabras de respuesta y que todo lo sabe, todo lo estudió y dependemos de su iniciativa.   En el encuentro con la Palabra, con el Evangelio, en la meditación del mismo, en el estudio de ese texto, del contesto donde está escrito, en la aplicación que del mismo se ha hecho a lo largo de la larga historia de la Iglesia, en eso y en la oración personal de cada quien es como vamos aprendiendo a orientar nuestra vida al Señor.  El Espíritu Santo nos va marcando, nos va educando, atentos a sus mociones, siempre con otros hermanos y hermanas, deseosos de gustar, de experimentar, de vivir una coherencia que anhelamos en el fondo de nuestra alma.  Estos días, en nuestro grupo de Ferrol queremos realizar algo de esto.

JUAN CABO MEANA

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