El proyecto de vida

Hacer un proyecto de vida o un plan de vida no debiera ser algo inalcanzable; y de suyo las personas necesitamos tener algo escrito que sea como una referencia de nosotros mismos, algo que hable de nuestros anhelos más profundos y que haga mención a aquello que más fuertemente late en nuestro interior. Escribir no es hablar u opinar, tener un coloquio con alguien y participar en una conversa. Precisamente porque lo escrito es algo que queda, a la hora de hacerlo uno busca aquellas palabras, aquellos giros o expresiones que mejor digan lo que siente en ese momento o aquello a lo que aspira.  Ponerse con un bolígrafo y un papel en blanco y comenzar a escribir no es para todos; si para un escritor profesional eso es su vida no es el fuerte de mucha gente.  Por eso, a la hora de hacer un plan de vida o proyecto (el que sea) es bueno tener como cuando éramos niños e íbamos a la escuela y nos daban aquellos cuadernos de caligrafía para aprender a poner las palabras, a tener un “estilo” a la hora de escribir que, luego más tarde, se haría el nuestro propio cuando ya no recurriremos a este tipo de cuadernos escolares.

Creo que un proyecto de esta índole (como el que ahora queremos realizar en HOAC Ferrol, el grupo que esta página llevamos), no debe ser una agenda donde anotas los compromisos de cada día para que no te olvides; pero tampoco un jeroglífico para ver dónde pones esta consideración o la otra que quisieras tener para ti mismo. Quizás partiendo de “este momento en el que vivo”  ver aquello que constituye mis valores, aspiraciones, creencias, sueños…, verlo y tenerlo en cuenta. Surgirán como cascadas las dudas que llevamos dentro o aquellas incertidumbres de la vida que gracias a Dios siempre nos acompañan. ¿Quién en la vida lo tiene todo claro? ¿Quién puede hacerse maestro para decir a los otros, con nitidez meridiana, cómo van a discurrir sus cosas o cómo va ser su propia vida?

Encontrar un método que me favorezca para expresarme libremente es la cuestión primera, a mi modo de ver.  Libremente es expresarme con libertad, con soltura, con ganas. ¡¡Escribir!!.  Dejar que mi alma se explaye, que sueñe y perfilar esas cuestiones ( dos, tres, cuatro) que son para mí innegociables, vitales, fundantes de mi personalidad, de lo que ahora soy.  Y, como cuando se pone la carne a adobar, que se deja macerar un tiempo, dejarlo ahí, que pase el tiempo.  De vez en cuando iré volviendo la mirada a esto y como un espejo me iré reconociendo. El proyecto quedaría como esos puntos nucleares que, al leerlos de nuevo, me reconozco en ellos.

JUAN CABO MEANA.

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