Más acercamiento

Pues como el amigo Juan se anima con el blog, me veo en la obligación (eso sí, muy gustosa) de tomar el guante lanzado y continuar con la serie de impresiones que nos causa a los iniciados esto de la HOAC.

Yo soy de los que en algún momento definieron con las dos haches “Hijos de la Hoac”, porque pertenecemos a una saga de hoacistas “de toda la vida”. Mi caso es distinto al de Juan, me crié entre reunión y reunión de mis padres y viajé, siendo niño, a alguna asamblea general de la que guardo recuerdos imborrables. Conozco pues a la Hoac y los efectos “devastadores” que ocasiona sobre la forma de vida de los que son acogidos en ella o al menos, en aquellos que yo he conocido. Nada vuelve a ser lo mismo.

Soy consciente de que mi conocimiento de la HOAC, aunque cercano, no va más allá de su corteza, a veces simples recuerdos infantiles. Ahora toca horadar en ella y conocer su interior, el de verdad,  el que compromete. La idea me fascina, aunque a veces me siento incapaz de asumir semejante reto. El apoyo de mi tocayo y de su fiel seguidor (y mi progenitor) allá arriba se nota de verdad. Un empuje por aquí, un “no te desanimes por allá”, y como nuevo, listo para seguir subiendo escalones. Pequeñitos, pero todos para arriba.

Del apoyo en la tierra del mejor grupo que podía haber encontrado para ese acercamiento a la HOAC no diré nada, pues ese es fácil de percibir. Juan lo ha expresado como nadie y yo, como buen vago que soy, asentiré y diré “eso, eso pienso yo”.

De la habilidad de Alfonso Gil como pescador  de almas tampoco diré nada, ¡menudo es él!, campeón del mundo (o más). Nunca podré agradecerle lo que ha supuesto para mí aquella invitación a participar de aquel grupo de San Juan que hoy continua con éste de iniciación a la HOAC.

Para l@s compañer@s militantes les pido paciencia. Podemos ser algo diferentes, pensar por momentos diferente o ver las cosas de forma diferente (poco), pero nuestro objetivo es idéntico: Seguir a Jesús, al obrero de Nazaret con toda nuestra fuerza. Lo demás carece de importancia.

En fin, cedo el testigo a otr@s compañer@s para que puedan ser correa de transmisión de nuestras impresiones y, quizás, alguien en algún lado diga “eso es lo que yo busco”.

Y nosotros a dejarnos encontrar.

G. Leira

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