Un gobierno al servicio de las personas

​Es triste ver cómo los partidos que suponemos representan a la clase obrera andan a la gresca y lo hacen, entre otros motivos, por las malas artes de alguno de sus miembros que, curiosamente, está en nómina de una gran corporación que ve peligrar su situación de privilegio ante un hipotético gobierno de base popular.

Mientras tanto, del otro lado, los representantes de la ideología neoliberal solo tienen que manejar un poco los hilos de la manipulación de buena parte de los medios de comunicación que están a su servicio, echar un poco de leña en la hoguera y sentarse a fumar un habano mientras la jauría enfurecida devora a sus oponentes, desviando hábilmente los ojos de la ciudadanía de las montañas del estiércol que generan los infinitos casos de corrupción que le afectan ya de forma sistémica.

En la coyuntura actual, y seguramente en la de los próximos años, a los partidos de izquierdas les será imposible la obtención de unas cifras de apoyo similares a las de épocas pasadas, sencillamente porque la realidad ha cambiado. Sería como tener de referencia al Un Dos Tres, de la época del monopolio, para evaluar el éxito o el fracaso de los programas de televisión que se emiten hoy en día.

Quieren convencernos que una aritmética del pasado es la única que legitimaría la formación de un gobierno de progreso, conocedores de que eso no ocurrirá en mucho tiempo, preservando su parcela de poder con el asentimiento de todos nosotros.

Tenemos que asumir esta nueva realidad y entender que la suma de fuerzas, aún minoritarias, es absolutamente legítima y posiblemente la única manera de conseguir una auténtica regeneración política a derecha e izquierda, que dé entrada a esos nuevos valores que represenan todo el abanico de sensibilidades desde la honestidad. Es lo único que pedimos y lo mínimo que nos merecemos.

Guillermo Leira